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martes, 20 de julio de 2021

- El Niño de Isinche en Pujilí

El Niño de Isinche se encuentra en un lugar sagrado desde las colonias aborígenes, al sur occidente del cantón Pujilí (Cotopaxi). La antigüedad de la figura se remonta al siglo XVII. La devoción inició en el año 1730, cuando en uno de los fardos (costales) que llegaban al obraje de los jesuitas, presentes en Pujilí por varios siglos, se halló inexplicablemente una pequeña y resplandeciente figura tallada del Niño Jesús.

Según relatos locales, dichas cargas eran transportadas en una robusta mula que, tras un largo y agotador trayecto, se acostó en el suelo y se negó a continuar el viaje.  El arriero retiró el bulto del lomo del animal y lo abrió. Dentro estaba la imagen de madera, el hallazgo aturdió al hombre y a todos quienes escuchaban sobre ello.

La leyenda relata que esa misma noche el propietario de la hacienda donde ocurrieron estos hechos tuvo un sueño. Se le apareció Jesús y le dijo que quería quedarse y que construyera un templo. Así lo hizo.



Si bien hay otras versiones sobre el origen de la festividad, esta es la más conocida y transmitida oralmente de padres a hijos desde hace varios siglos. Otra leyenda indica que “un día un comerciante regresaba a su hogar y trajo algunas cargas sobre el lomo de una mula; si embargo, hubo un momento en el cual la mula se resistió a seguir y reclinó el costal frente a la puerta de la capilla de Isinche. De pronto, el hombre se percató que del costal había caído una bella imagen del niño Jesús, entre tanto, el animal desapareció. Creyó que era un milagro y desde entonces es adorada por los feligreses”. Le tienen mucha fe al Niño de Isinche en esta parte de Cotopaxi. 



Por esto le preparan una gran fiesta y procesión. La fiesta en su honor es grande, a la cual muchos se atreven a calificar como la “Navidad mestiza”, pues es una fiel muestra del sincretismo cultural y religioso que nace de la convivencia entre hispanoamericanos e indígenas.



El Santuario del Niño de Isinche está en la hacienda del mismo nombre, la cual se sitúa a 3 kilómetros al sur del centro de Pujilí y antiguamente fue un importante obraje de algodón. El occidente de Cotopaxi tiene mucho que ofrecer, uno de los santuarios más visitados es el del Niño de Isinche en Pujilí.



Entre dos y tres mil personas llegan a la tradicional hacienda Isinche, en el cantón Pujilí, con el objetivo de venerar a una de las imágenes religiosas más conocidas de la Sierra. Se trata del Niño de Isinche, efigie infantil de Cristo que es custodiada celosamente por sus devotos en un ánfora de vidrio, y a la cual se le atribuyen variados milagros.



En haciendas cercanas varios feligreses aún sostienen la antigua leyenda que la imagen de El Niño crece cada año, creencia que no ha podido ser comprobada. El niño de Isinche a realizado una infinidad de milagros, es por eso que en su santuario existen varias placas de agradecimiento, además varios trajes de todos los tamaños, pues mientras va pasando el tiempo él crece más y más, forma parte de una de las fiestas religiosas del Ecuador.



El mayor festejo en homenaje al Niño de Isinche es el 25 de diciembre. En esa fecha se realizan concurridos "Pase del Niño juegos pirotécnicos, misas. Allí no faltan las bandas de pueblo y los villancicos. La algarabía, el colorido, la tradición y sobre todo la devoción, se conjugan para homenajear al Niñito de Isinche. Los pollos, los cuyes y los conejos asados, el hornado y la chicha son los ingredientes que deben estar listos para brindar a los visitantes que llegan  a este lugar para disfrutar de la fiesta.



La plaza principal de este cantón, así como las calles aledañas, son el epicentro de todo el jolgorio. Hacia el sitio llegan diferentes personajes que no pasan desapercibidos por los colores que tienen los ponchos, las faldas, los sombreros, los zamarros, las  caretas, los vestidos y las alpargatas que visten. ¡Y como no!, las trompetas que entonan los pasillos y los sanjuanitos dan más vida a la celebración. 



“¡Que viva el prioste!”, “¡que toque la banda!”, repiten los asistentes. Mientras las campanas anuncian la salida de la misa, los puestos de tortillas de maíz ardiendo en el tiesto llenan con su olor la plaza.  Zapateando, cruzado de brazos y el otro y saltando, el ‘mayordomo’, dirige con cabresto en mano a los disfrazados. La máscara de diablo huma que lleva puesto impide descubrir su mirada, pero su voz es fuerte y habla emocionado de esta costumbre ancestral. “Nuestros antepasados indígenas han hecho que esta sea una tradición de años, todo por la devoción al Niñito de Isinche”.  

La plaza se va llenado con la gente de los barrios vecinos que llegan para disfrutar y bailar con los ‘caporales’, los ‘yumbos’, los ‘negros’, las ‘guarichas’, los ‘montados’, el ‘Rey ángel’ y el ‘embajador’, que al ritmo de la música bailan con una alegría inigualable. 



El prioste es el devoto mayor del Niño de Isinche, pues él llega hasta la casa de diferentes familias de La Victoria pidiendo que lo acompañen en esta celebración. Jaime Álvarez, uno de los organizadores, cuenta el proceso de lo que significan las jochas. “Cuando el prioste visita y delega a un compañero para que represente a un personaje no podemos negarnos, el niñito podría castigarnos”. Así, este ‘actor’ principal tiene que buscar a más integrantes, voluntarios de la comunidad, para formar un grupo considerable que le acompañe el día de la fiesta. 

La procesión
Después de que los personajes y las comunidades bailan en la plaza principal, es momento de avanzar por las calles de esta parroquia. La procesión es encabezada por la banda y el prioste mayor, quien lleva en sus brazos al Niño de Isinche. 



En este andar, los ‘actores’ nuevamente son ordenados por el mayordomo, además, son queridos y admirados por la gente que los sigue y que en varias ocasiones piden que se detengan para plasmar aquel momento en una fotografía.

Mientras los caballos hacen levantar el polvo de las avenidas de tierra, las palmas, el donaire, las sonrisas y la pasión se mezclan entre toda la multitud y pintan el rostro del prioste mayor, quien guía a todos hasta su casa. “¡Que viva los que acompañan!, 

“¡Que viva!, responden bailando junto a las ‘guarichas’ y los ‘caporales’. “¡Que viva el Niño de Isinche!”, nuevamente va gritando con voz fuerte el prioste, mientras a sus manos llega una copa para hacer el brindis y dice: “Dios le pague, Dios le pague”. 



 

 

 

 

domingo, 14 de junio de 2020

- El Corpus de Pujilí

 El danzante es el personaje principal en la Octava del Corpus Christi, una celebración tradicional   de Pujilí, un cantón de Cotopaxi ubicado a 10 km al occidente de Latacunga. 
Se la celebra el tercer sábado de junio, en el solsticio de verano. Desde la época precolombina la ceremonia o baile de los danzantes se realizaba con el fin de agradar a sus dioses o pedir favores a través de sus sacerdotes.
La fiesta del Corpus Christi da inicio la noche de las vísperas en la que se queman de castillos, chamizas y un sinnúmero de voladores que revientan destellando variedad de formas y colores. Durante toda la noche del espectáculo se brindan los tradicionales canelazos10 a todos los asistentes que se dan cita en la plaza central quienes al ritmo de la banda de músicos de pueblo disfrutan hasta el amanecer del baile popular.
El sábado por la mañana después de la celebración religiosa, Pujilí despierta con el sonar de las bandas de pueblo, tambores y pingullos que anuncian el comienzo del fastuoso desfile de las “Octavas del Corpus Christi”. Este importante evento se realiza por las estrechas calles de la ciudad con la participación de comparsas tanto nacionales como extranjeras que han sido invitadas a concursar para disputarse el “danzante de oro”, figura de barro diseñada por las hábiles manos de los artesanos de la zona que lleva en su penacho una placa de oro. 
Para el segundo y tercer lugar se entrega el danzante de plata y de bronce, respectivamente. Abren el desfile las autoridades de la ciudad junto con la reina y de los priostes que portan en su mano el “guión” que los identifica.
El personaje central de todo este festejo es el danzante que recorre las calles de la ciudad al son del tambor y pingullo, deleitando a los presentes con el conocido baile zapateado simulando el vuelo del cóndor. Estos son los personajes que se hacen presentes en esta fiesta:

El danzante es el personaje principal. El danzante es un cóndor. Su cadencia pausada simula el vuelo del carroñero. Dos pasos aventados a la derecha, dos a la izquierda... Los brazos batientes. 


Las plumas en la corona y una amplia cola que cae hasta los talones completan la figura del ave en el cuerpo del bailarín. Este hecho se evidencia en la presencia de varias figuras, profusamente decoradas, de personajes similares a los actuales danzantes de Corpus, que fueron elaboradas por las diferentes culturas precolombinas, como la cultura Jama Coaque (350 aC–1533 dC) que pertenece al período de Integración ecuatoriano. 

Durante la época inca, las danzas se continuaron haciendo, pero en esta ocasión como parte de la fiesta de los raymis de los muertos, cosechas, entre otras. Desde sus inicios, este personaje perteneció a la élite incásica.
Hugo Albán, experto en temas andinos y estudioso del danzante expresa que los sacerdotes no tenían esposa. “Eran castos y fornidos, porque bailaban ocho días antes y ocho días después. Con la llegada de los españoles cambiaron a la fiesta del Inti Raymi por Corpus Christi”. 
Con la conquista, las joyas en los atuendos fueron reemplazadas por bambalinas, tradición que aún se mantiene. Todo el traje consta de 12 piezas: cabezal, pechera, espaldares, enagua, pantalón, camisa, cinturón, mangas, cintas de colores, cascabeles, alfangue (una especie de vara con cintas de colores que se lleva en la mano) y la macana, que se utiliza en la cabeza para sujetar el cabezal. Esta prenda es la más llamativa de un danzante, está adornada por varios espejos, plumas de colores y joyas. ​
La vestimenta se compone del faldón y camisa de color blanco, la pechera que representa la chacana o cruz andina. Está adornada con monedas antiguas y bambalinas. Atrás va la banda con tela de siete telas de colores que representan al arco iris, en el cabezal sobresalen el sol y el plumaje de pavo real además está elaborado con madera de espino blanco que luego de un proceso puede darle la forma ovalada. posteriormente las partes son ajustadas con cauchos (soguillas elaboradas con cabuya) y es decorada con una tela de color amarillo y abundantes espejos.
Durante el baile el danzante es acompañado por una mujer que se la conoce como Mama Danza que viste con un atuendo peculiar durante las fiestas, mismo que se encuentra constituido por aretes de diferentes formas y colores que son confeccionados por cada una de ellas, en su cabello llevan binchas que reflejan la naturaleza

en la parte posterior del cabello cintas las cuales irradian los colores del arcoíris, así también en la espalda se plasma la cosecha y producción de la comunidad que se denomina cucayo, el pañuelo elaborado a base de ceda refleja la tranquilidad, el anaco mismo que muestra a la “pacha mama” o madre tierra posee bordados peculiares que destellan la flora de la misma, además posee un pañuelón que cubre su anaco durante las labores diarias, en cuanto a la parte superior consta de una blusa y un anaco blanco que marcan la pureza de cada una de sus representaciones.
Alcalde: es el organizador de la fiesta que por voluntad y devoción toma la vara de mando y con meses de anticipación busca priostes para comprometerlos a participar en el festejo. Generalmente, solicita a parientes, amigos y vecinos la contribución de una jocha11.
El día de la fiesta, luego del primer baile en la casa del danzante, se encarga de trasladarlo hasta la avenida Velasco Ibarra. Los familiares, amigos y curiosos observan el interesante ritual en el que el danzante se despoja de su pesado penacho o cabezal y junto a una mesa reclama la bendición de los padres, les besa la diestra y en compañía del Alcalde sale a cumplir con su presentación en el desfile.
Prioste: se coloca en primera fila junto con su esposa y familia. Lleva en sus manos el guión, símbolo del priostazgo, que está compuesto por un objeto cilíndrico, de color plateado o dorado, de dos metros de altura, aproximadamente. En el extremo superior, sobre una media luna embellecida con piedras preciosas, conchas y pequeñas cruces, resalta una cruz de mayor tamaño y cintas multicolores.
Oficiales: tamboreros y pingulleros: Los oficiales son músicos de gran experiencia que han participado durante muchos años. Los tamboreros utilizan instrumentos elaborados de cuero de borrego que han sido curados para evitar su destrucción. Los pingulleros acompañan a las comparsas con la música que produce el tambor y el pingullo.
Cargadores: tienen a su servicio al Huma Cuida, quien complace al Danzante en todos los caprichos y carga la pesada cabeza cuando éste se agota.
Huma Cuida: también lo denominan Huma Marca y es el encargado de cuidar la “cabeza del danzante” cuando el personaje no la lleva.
Servicios: son los encargados de repartir la comida y bebidas a familiares e invitados.
Cantineros: cuidan que no se agoten los licores el momento que los personajes que participan en la fiesta y brindan las bebidas a los espectadores.
Bodegueros: resguardan las pertenencias del prioste y del alcalde durante los días del festejo, especialmente cuando los invitados son numerosos.
Cocineros: son hombres o mujeres que colaboran en la preparación en grandes pailas, ollas y recipientes: papas, mote, arroz, salsa de cebolla, cuyes, gallinas, y otras preparaciones gastronómicas que servirán para brindar a los invitados.
Aguateros: se encargan de que en la casa no falte la suficiente cantidad de agua para preparar los alimentos y otros menesteres. Este personaje se lo creó porque antiguamente en Pujilí solamente había agua en las primeras horas de la mañana.
Coheteros: generalmente hombres, que lanzan la volatería y queman los juegos artificiales.
Ropayo: es quien alquila la indumentaria del danzante, en parte es comprada o parte de la herencia de sus antepasados, y el resto confeccionada con su propia habilidad. Ropacatig: es quien viste y desviste al danzante.
Mayordomo: Durante la fiesta hace considerables gastos en comida y bebida para el regocijo y disfrute de los acompañantes a la fiesta.
La mujer danzante: viste con cintas multicolores, anacos de bayetilla y rebozos de seda, en la cintura amplias fajas, sombrero de paño, aretes de plata, collares de mullos, etc., permanece a prudente distancia en actitud de respetuosa espera.
La banda de pueblo: se incluye en el gran séquito de los danzantes, entona los ritmos apropiados como: Danzante Mío, El Cortado, la Entrada de Corpus, etc.
El domingo posterior al desfile se realiza la presentación de los danzantes autóctonos por las calles de la ciudad que termina con el baile en la plaza y la toma de los jardines. Al finalizar el día, cada una de las comparsas se dirige a la casa del prioste a concluir la fiesta. El danzante vuelve a su casa y espera al próximo año para una nueva presentación.