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jueves, 29 de octubre de 2020

- Dia de difuntos: el Animero

El "Animero", un personaje histórico ecuatoriano que pide rezar por las almas de los muertos En Ecuador se celebra cada 2 de noviembre del Día de los Difuntos con celebraciones que son el sincretismo entre el cristianismo y la cosmovisión indígena.
Es cerca de la medianoche del 2 de noviembre, Ángel Ruiz se apresura para vestirse con una túnica blanca con capucha, cargar una gran campana de bronce en la una mano y en la otra una calavera y un rosario, antes de iniciar el recorrido por las calles de Penipe, una pequeña ciudad de los Andes ecuatorianos.
Desde hace 60 años Ángel es el “Animero” de Penipe, un personaje histórico que recorre cada año las pequeñas y desoladas calles de la ciudad en la provincia de Chimborazo. Así despierta al pueblo para rezar por las almas de los difuntos.
A los 15 años heredó de su padre este oficio. Con una voz fuerte, y en momentos fúnebre, el “Animero” va entonando en cada esquina de la ciudad un cántico para recordar que el Día de Difuntos ha llegado y que es momento de hacer una oración por el alma de los muertos. “Recordad almas dormidas. Rezarán un Padre Nuestro y un Ave María por las benditas almas del Purgatorio y por el amor de Dios”, repite Ruiz en cada una de las esquinas que recorre.
Desde la iglesia principal de Penipe, una ciudad ubicada a los pies del volcán Tungurahua en el centro andino de Ecuador, Ruiz inicia una travesía en donde el asegura: “ya no soy el mismo, me vuelvo sordo y mudo para poder rezar por las almitas”. Su romería avanza hasta el cementerio de la ciudad. Al llegar a la primera tumba, el “Animero” deja a un lado su calavera y su campana. Inicia su fúnebre y lento canto. Se recuesta sobre el sepulcro para iniciar una serie de rezos. Así recorre gran parte del cementerio realizando la misma rutina como parte de un “homenaje” a las almas del purgatorio que allí se encuentran. A la salida del cementerio, los niños y decenas de personas esperan al “Animero” para entregarle una limosna; también besan la calavera, que según Ruiz representa a las almas; al crucifijo que cuelga de su cuello y los fieles se persignan antes de permitir que el animero avance en su recorrido.
Fieles como María Suárez, una anciana oriunda de Penipe. Recuerda al “Animero” desde que era una niña, por eso junto a sus hijos y nietos lo esperan en la puerta de su casa para rezar y entregarle una “monedita”, como símbolo de agradecimiento al rezo por las almas de los muertos. La escasa luz de las calles alumbra el caminar de Ruiz que, a su paso, recibe pequeñas limosnas que la gente le entrega al terminar su canto en cada esquina.
El sonido de su gran campana retumba en todo el pueblo y el ruido que ella hace permite que la gente sepa que el “Animero” está recorriendo y deben salir a rezar minutos antes de iniciar su peregrinaje. Aunque su recorrido inicia acompañado de decenas de fieles y curiosos, a la mitad de su trayecto el frío y la lluvia son sus únicos compañeros.
En la penumbra de las pequeñas calles sigue su rutina y no se detiene hasta que haya cubierto las 59 cuadras que comprenden su trayecto. Cerca de dos horas después, Ruiz sigue su caminar por una larga cuesta que finalmente lo conduce a su casa. Ruiz cuenta que es el único animero del Ecuador, pero comenta que dos de sus familiares han decidido seguir sus pasos y desde ya los está preparando para que cumplan con la “Novena de las Almas”, aprendan a cantar y no dejen morir esta tradición.
Los animeros han adquirido sus propias características en algunos lugares de la serranía ecuatoriana. Si bien, no hay datos o fechas exactas del momento que fueron introducidos en nuestro país y específicamente en pueblos pequeños aledaños a la ciudad de Riobamba. Los animeros son relacionados a un culto religioso que vino desde España, en el cual se creía que eran curanderos que se contactában con los almas de los difuntos y que en navidad en la península ibérica, salían en cuadrillas a pedir limosna para las almas benditas. El animero decifrado etimológicamente vendría del sustantivo “ánima” que es el alma de una persona y del prefijo “ero” que significa oficio o profesión, de tal forma entenderíamos como ‘animero’ a una suerte de protector de las ánimas, guardián o guía de su camino al purgatorio y a la paz celestial.
Las noches previas y los días en que se recuerdan a los muertos en Ecuador, algunos hombres se visten de animeros, se mimetizan en protectores de los espíritus y recorren los cementerios y calles de algunos pueblos de las provincias de Chimborazo, Tungurahua y algunas otras de la serranía del país; esta tradición data desde hace más de 450 años. La espectacularización, propaganda y en ocasiones irrespeto que le dan en ciertos lugares y medios de comunicación, han hecho que pierda su sentido principal, que es mantener el recuerdo de los fallecidos. Aún así, hay ciertos puntos que quiero resaltar de este acto de fe, que he alimentado a través de los años, con las historias que contaban mis abuelos, tíos y que es sabiduría popular que perdura en la oralidad de estos sectores.
Un animero sale a media noche desde el cementerio del pueblo, que no es un lugar romántico o mundano, tiene las características propias de un camposanto de pueblo, oscuro, en mitad de una montaña, con ventarrones que hacen vibrar hasta a las lápidas y sin personas viviendo a su alrededor. El animero se viste de blanco, carga en su mano izquierda la calavera de algún muerto, en el pecho un crucifijo, en su mano derecha una campanilla y atado a su cuerpo un látigo para defenderse de los contratiempos que pueda encontrarse en su caminar por la fría noche. Una vez vestido y luego de realizar las oraciones pertinentes en la cruz mayor, entona una canción invitando a las almas a despertarse y acompañarle en su recorrido: “Recordad almas dormidas, A rezar un Padre Nuestro y un Ave María, Por las benditas almas del santo purgatorio, Por el amor a Dios”
Cuentan nuestros mayores que el animero debe realizar este ritual por siete años consecutivos, ya sea como una penitencia, para expiar sus pecados, purgar una pena, para pedir por el alma de algún ser querido o para reverenciar y recordar a los muertos. Cuando el animero ha empezado su camino desde el cementerio hacia el pueblo, no regresará su mirada, el mirar para atrás hará que las almas que ha despertado y que lo acompañan, lo dejen solo en su recorrido. Muchas son las historias que escuché desde niño, de hombres que realizaron esta actividad y dan fe de las energías, las presencias que sienten van a su lado, como si se tratase de una procesión mística, donde el animero encabeza una larga peregrinación de espíritus.
El animero cantará la misma canción mencionada y hará sonar la campana en cada esquina del poblado, hasta llegar al cementerio del siguiente pueblo, rompiendo el silencio de la noche, donde las personas esperarán su paso, para mediante rezos, y oraciones que se repiten a modo de mantras, rendir un homenaje a los que murieron y mendiante limosnas dar fuerza al itinerario del penitente.
El animero a su vez, tiene prohibido hablar con cualquier persona que se encuentre en el camino hasta que haya terminado su recorrido. Muchas son las historias que se han contado de las experiencias de estos hombres que se atreven a retar a la noche, al miedo y a esos lugares sagrados de descanso para los muertos. Historias que van desde sonidos en las tumbas, voces, murmullos, energías, sensaciones de compañía, visiones, y sentimientos de paz y gozo cuando han terminado su caminar, a su vez relatan encuentros extraños que causan terror cuando no se ha realizado la ceremonia con la suficiente fe.
La cotidianidad de la ciudad nos vuelve un poco insensibles y escépticos de las tradiciones y creencias que aún perduran en algunos lugares rurales de nuestro país, personalmente, cada que canta el animero y recorre las calles de mi pueblo, ante las miradas y reverencias respetuosas de todos quienes entendemos lo que su presencia significa, mis recuerdos me llevan a esos seres queridos que ya no están y que ansío que sus espíritus descancen en paz.
Día de los Difuntos en Otavalo: En nosotros, los otavaleños, existe un gran arraigo a la tierra que nos vio nacer y un verdadero culto a la muerte, pues no la sentimos como un fin, sino como una expectativa de volver a ser. Partiendo de esta reflexión, la disposición del espacio para enterrar nuestros restos mortales cobra una relevancia especial.
En palabras de Henry Léfevre, la ciudad es aquel espacio donde desarrollamos la vida, no solo laboral y social, sino también política. Aquel espacio potenciador de convivencias, de generación de capacidades, un lugar donde se expresa el poder de transformación y donde confluyen las resistencias, la pluralidad de identidades o de las re-existencias. A esta definición añadiría que la ciudad es, también, el lugar donde descansan nuestros restos y los de nuestros seres queridos.
A partir de esta reflexión, nace la preocupación por la actual falta de espacio para nuevos enterramientos en el único cementerio de la ciudad, que data de 1889 y que todavía sigue en funcionamiento. Este cementerio está atravesado por una pared que lo divide en dos secciones: una para indígenas y otra para mestizos. Según información proporcionada por el comité administrador del camposanto, en el 2017 la última de las partes se encontraba al 95% de su capacidad, mientras que la primera al 98%. Es evidente que encontrar un nuevo espacio resulta urgente. Para la población mestiza, el rito funerario está basado, mayoritariamente, en las costumbres cristianas, en las que se celebra una misa en memoria del difunto y, posteriormente, se traslada el cuerpo al cementerio para depositar el féretro en el nicho. Sin embargo, la cosmovisión andina de la población kichwa Otavalo entiende la muerte como el inicio de una nueva vida. Así, en 1802, el geógrafo Francisco José de Caldas, anotó en sus cuadernos: “Acabo de ser testigo de los oficios por las almas de sus mayores. Todos los cementerios de ambas iglesias se ven cubiertos de pan y frutos que les produce el país, en cada montón arde una luz; el hijo, el esposo, el padre están sentados al lado ofreciendo este sacrificio y se mantienen inmóviles hasta las 12 del día, comenzando así que viene la luz: Todo este tiempo dan para que el difunto tome de lo que se le ha ofrecido y todo lo entregan al cura, porque están persuadidos [de] que ya está como un caput mortuum sin sustancia…Yo creo que no hay pueblo tan celoso del descanso eterno de sus padres como este”.
Otavalo.- Las costumbres indígenas también incluyen ritos, oraciones y la colocación de alimentos en honor a los que ya partieron todavía se celebran en comunidades autóctonas del Ecuador. Lo que para los mestizos puede ser una fecha de dolor y nostalgia, para el Pueblo Kichwa es una fiesta. El 1 de noviembre, Día de los Difuntos se celebra así: La jornada empieza desde las 04:00 con los baños de florecimiento y limpiezas. Compartir bebidas y alimentos, limpiar las tumbas, rezar y cantar son algunas de las tradiciones comunes entre las comunidades indígenas de la Sierra.
Sentimiento. “La fecha es importante para nosotros como indígenas. Cuando nos llega la muerte, despedimos al difunto con cantos, música y juegos tradicionales. El velatorio dura tres días. Así lo hacían nuestros abuelos, que nos explicaban que el alma no muere. Solo pasa del mundo material al espiritual”, comentó German Santellán, Líder Kichwa de Otavalo, de la comunidad de Agato, quien ayer llegó con su familia hasta el Cementerio Indígena para limpiar la tumba de sus padres. La comida no puede faltar. José Morales, presidente de la administración del Cementerio de Indígenas cree que la muerte es un momento donde el alma se adelanta donde el creador. Para este feriado se espera la visita de unas 50 mil personas. Actividades. Las vigilias en los cementerios marcan las noches y madrugadas del 1 y 2 de noviembre en muchos poblados. Para los indígenas la muerte no significa el fin de la existencia sino el paso a otra etapa de la vida. Esta creencia motiva costumbres como la de escribir cartas contándole al fallecido todo lo que ha sucedido.
Expectativa. La intención es que el difunto sea parte del presente, hacerlo sentir a gusto. Por ello la música y la comida no faltan en esta celebración. Los cementerios se repletan de gente que lleva viandas con los platos preferidos del difunto y guitarristas que entonan las que eran sus melodías favoritas.
En esta celebración aparecen personajes como el Ángel Kalpay, quien es un hombre que reza desde las comunidades como en el cementerio. De acuerdo con la cosmovisión andina, durante su visita, Ángel Kalpay dirige los rezos del padrenuestro y las avemarías. Su finalidad es pedir por el alma del difunto y el bienestar de los miembros de la familia. Por ello su principal obligación es anunciar que llegó el día de los muertos. Previamente, el interlocutor arriba a los domicilios y cementerios haciendo sonar una pesada campana de bronce. Como muestra de agradecimiento, los deudos entregan alimentos y frutas, como: pan plátanos, naranjas, mandarinas, papas cocinadas y cuy entre otros alimentos.
Tradición y respeto. “Hay personas que piden al sabio rezador que les acompañe por más ocasiones en sus casas por las necesidades que tienen para que interceda por paz, tranquilidad, fortaleza y pedidos materiales y espirituales que no haya en casa”, comenta Alberto Cachimuel, sabio kichwa de 62 años quien ha mantenido la tradición viva durante los últimos años. Sus padres y dos hermanos fallecieron hace más de 20 años en Otavalo.
Dos cementerios y dos formas de abordar y asumir la muerte y diferentes ritos para despedir a los seres queridos que fallecieron. Aunque en el cantón los indígenas conviven con los mestizos en armonía, al momento de morir, cada uno es enterrado en un cementerio distinto. Es por ello que en el proyecto de ampliación del Cementerio de Indígenas es lograr una fusión entre los dos escenario, para dar un mejor servicio.
*Ver video del dia de muertos en Otavalo: https://www.youtube.com/watch?v=y2OF6rPPdXo&feature=youtu.be 
Vasija de barro (canción ecuatoriana) Yo quiero que a mí me entierren Como a mis antepasados En el vientre oscuro y fresco De una vasija de barro
-Cuando la vida se pierda Tras de una cortina de años Vivirán a flor de tiempo Amores y desengaños -Arcilla cocida y dura Alma de verdes collados Barro y sangre de mis hombres Sol de mis antepasados…

sábado, 4 de julio de 2020

- El pueblo Kayambi en Ecuador

El pueblo Kayambi habita en el Ecuador, en la región de la Sierra, al norte de la provincia de Pichincha, al sur de la provincia de Imbabura y al oeste de la provincia del Napo, ocupando un tramo de la cordillera central de los Andes:
1-En la provincia de Pichincha: habitan en los siguientes cantones: Quito en la parroquia Checa; Cayambe, parro­quias Ayora, Juan Montalvo, Ascázubi, Cangahua, Olmedo, Otón, Santa Rosa de Cusubamba; Pedro Moncayo, parro­quias Tabacundo, La Esperanza, Toacachi, Malchinguí, Tupigachi.
2-En la provincia de Imbabura: cantón Otavalo, parro­quias González Suárez y San Pablo y en el cantón Pimampiro, parroquias: Pimampiro, Chuga, Mariano Acosta y San Francisco de Sigsipamba.
3-En la provincia del Napo, en el cantón El Chaco, parro­quia Oyacachi.
La población estimada de este pueblo Kayambi es de 147.000 habitantes: 120.000 se encuentran en la provincia de Pichincha, 27.000 en la pro­vincia de Imbabura y 350 en la provincia del Napo. La población está organizada, aproximadamente en 131 comunas y su idioma es el kichwa y el español como segunda lengua.

Relatos históricos. El pueblo Kayambi perdió sus territorios en la época de la Colonia, más tarde con la Repú­blica fueron los terratenientes de corte criollo los que usurparon sus tierras, manteniendo a este pueblo bajo el conocido concertaje; relación de dependencia laboral que se fue superando gracias a la primera reforma agraria del país y a las continuas luchas propicia­das por este pueblo, reclamando la tierra para las manos que la trabajan, fue así como lograron la adjudicación de las haciendas que pertenecían al Estado para el pueblo kayam­beño.

En el caso del sector de Ayora y Olmedo, la adjudicación originó la formación de Cooperativas de campesinos indígenas, una de las grandes líderes de esta lucha fue DOLO­RES CACANGUO. 
La lucha por la tierra, en el caso de las comunidades de Pichincha y de algunas comunidades de Imbabura, logró incluir en el proceso de Reforma Agraria, la inter­vención de haciendas privadas, las que fueron adjudicadas a las comunidades, durante varios años las comunidades tuvieron que pagar por estas tierras al IERAC (actual INDA).
-Organización sociopolítica. El núcleo organizativo de este pueblo son las Comunas, pero tienen otras formas de organización como las asociaciones, cooperativas, comités de padres de familia, clubes deportivos, juntas de agua y grupos artesanales. Cada Comuna tiene su Cabildo, cada uno de estas organizaciones tiene como máxima autoridad a la Asamblea, organismo de decisión que está conformada por delegados de las comunidades convocados por los Cabildos Los Cabildos son elegidos cada año en las Asambleas de las Comu­nidades. Asambleas que determinan y planifican los trabajos que realizará la comunidad mediante la minga.
Gran parte de los Cabildos se agrupan en uniones, generalmente parroquiales, las que a su vez son miembros de estructuras federativas provinciales, organizaciones más conocidas como de segundo grado.

En el caso del pueblo Kayambi de Imbabura las comunidades se encuentran organizadas en la Unión de Comunidades Indígenas González Suárez, Unión de Organizaciones Campesinas de San Pablo del Lago, Federación de Organizaciones Campesinas de Pimampiro, Organización Indígena y Campesina de Chuga, Consejo Indígena Comunitario de Mariano Acosta y Unión de Campesinos de Sigsipamba; todas estas organizaciones son filiales de la FICI, ECUARUNARI y CONAIE.  …

-Prácticas productivas. Podemos decir que este pueblo Kayambi es eminentemente agrícola, sus principales actividades productivas están relacionadas a la agricultura, la ganadería, la produc­ción de derivados de leche y a la elaboración de pro­ductos artesanales. En relación a la producción agrícola, este pueblo com­bina una producción artesanal dirigida al consumo pro­pio, con la producción intensiva dirigida al mercado. Su producción es diversa, pues su población se asienta en distintos pisos ecológicos. La producción en los pajona­les esta direccionada a la crianza de ovejas y ganado vacuno, crianza que se lo hace de manera extensiva, en las faldas de las montañas; en zonas más bajas que los pajonales se dedican a la agricultura artesanal e intensiva, dejando en los poblados el centro de produc­ción artesanal sobre todo, tejidos y bordados. En la agricultura son productores de: maíz, trigo, ceba­da, papa, quinua, fréjol, oca, melloco, zapallo, sambo, zanahoria, cebolla, capulí, etc.

Otra fuente de ingresos muy significativa de este pue­blo es el turismo, especialmente dirigido hacia las Ruinas de Cochasquí, Puntiatsil, Pucará, Quitu Loma, Culebra Rumi, El Linchero, donde logran vender una parte de sus artesanías. Una buena parte de familias trabajan asalariadamente en las floricultoras, ubicadas cerca de sus comunidades o migrando a las grandes urbes. 

Conscientes que las prácticas intensivas de cultivo tanto de la comunidad como de particulares, han producido daños en la naturaleza, este pueblo actualmente está trabajando procesos de reforestación con plantas nati­vas: aliso, quishuar, nogales; actividad que está sien­do reforzada por las comunidades de San Pablo y Olmedo, con la delimitación de bosques protectores para conservación de vertientes y suelos.
-Practicas alimenticias. El alimento de los kayambi se centra en los productos agrícolas que producen; su dieta está compuesta especialmente de granos como maíz, fréjol, arveja; los mismos que son complementados con el sambo, zapallo, cebada, trigo, papa oca, zanahoria blanca; materiales que sirven para preparar una varie­dad de platos: arroz de cebada, coladas de harina de haba, arveja, maíz, tostado, habas y choclos tiernos cocinados; además su dieta es completa­da con carne de vaca, chancho, pollo, arroz, enlatados y bebidas prepara­das industrialmente.

-Practicas medicinales. En el pueblo Kayambi se práctica la medina natural y también se consume la medicina alopática. Existen los Yachag, parteras, fregadores en todas las comunidades que forman este pueblo. Utilizan conocimientos adquiridos por medio de la transmisión oral, que dicen de las propiedades curativas de las plantas, de la tierra, las piedras y el agua; con todos estos elementos curan.

Además la mayoría del pueblo conoce las bondades curativas que se encuentra en sus chacras, con ellas se curan enfermedades leves, cuando alguna enfermedad resulta muy grave o crónica acuden al médico alopáti­co para sanar.
-Prácticas lúdicas. Aun en la vida cotidiana de los kayambi podemos encontrar prácticas lúdi­cas propias, como el chungay, juego que se lo practica cuando una perso­na adulta muere, se lo juega así: llegada las 12 de la noche empiezan a jugar todas las personas adultas, se realiza un círculo, en el mismo se colo­can doce granos de maíz, seis de maíz negro y seis de maíz blanco, un árbi­tro en el medio, el árbitro no tiene que ser familiar del muerto. Las perso­nas que forman el círculo votan el chungay, este es de madera y tiene tres lados, en cada lado se encuentran inscritos números; el árbitro mira en que número a caído el chungay, según el número que se obtenga un jugador se lleva el maíz y el que se lleve el mayor número de maíces es el ganador. Llegada las 5 de la mañana el ganador obligará a los perdedores, asumir el papel de ganado y los saca arando, luego subir a un árbol, que se encuen­tre cerca de la casa y griten imitando al cuscungo para que toda la comu­nidad llegue a desayunar. Y finalmente llevar al muerto a la iglesia y pro­ceder al entierro con la compañía de todo el pueblo. 
Como podemos observar en este juego, la cotidianidad de este pueblo esta impregnada de lo lúdico, por ello juegan al enamorarse, a los porotos, a la construcción de coches de madera, a la casita, etc.; juegos que en la actua­lidad se entremezclan con la televisión o video juegos.

-Costumbres, creencias y símbolos. Este pueblo acostumbra en tiempos de verano a subir con los niños a las lomas a gritar: “ya kujuta karangui achili taitico”, pedir que el agua llegue, que las lluvias vengan, esta costumbre se llama “la wuakchakaray”. También se invoca a las montañas que les rodean para obtener una buena cosecha; sin olvidar que el obtener una buena cosecha consiste en sembrar según el tiem­po de la luna. 

Para este pueblo el tiempo de la Colonia dejo muy inte­riorizado la creencia en el Dios católico, existiendo muchos ritos en relación a esta creencia. En la actuali­dad hay un proceso de recuperación de la relación cós­mica ritual con la naturaleza, de allí su participación en las fiestas de equinoccios, solsticios y del Inti Raymi que los pueblos indígenas de la sierra festejan.
Los Kayambi acostumbran a vestir según su identidad, en el caso de los hombres, visten de camisa y panta­lón blanco, poncho azul, sombrero, oshotas de cualquier color; en el caso de las mujeres, un centro rosado en la parte interior, y fuera un centro negro, huallcas, mani­llas de perlas rojos y muy grandes, zarcillos de oro, reli­carios, camisa blanca larga cosida y bordada a mano, cinta para el cabello, chimbi (forma de amarrar el anaco) y el sombrero gris. En la actualidad pocos son los varones que vistan su ropa propia, visten otra ropa y utilizan su vestimenta solo para eventos especiales.

Prácticas artistas. Este pueblo baila y canta el sanjuanito utilizando la flauta, guitarra, campanilla; para bailar los varones visten ropas tradicionales y las mujeres con su hermosa voz, entonan coplas al compás del sanjuanito. Actualmente también disfrutan los jóvenes con la música moderna.
-EL PUEBLO KAYAMBI APLICA JUSTICIA INDÍGENA AL RESPONSABLE DE QUEMA DEL PÁRAMO EN CUSIN. Se llevó a cabo una Asamblea de la Comunidad Pijal, Organizaciones de Segundo Grado, UNOSIGS, UNOPAC sobre la problemática de la quema del Páramo del Cerro CUSIN, en el que resolvieron que Lucas G. será el urkucama (Guardian del Cerro) por tres años.
Se llevó a cabo la resolución en medio de Taytas y Mamas la asignación de los tres años de urkukama (Guardian del Cerro). Y las comunidades, organizaciones, y autoridades se comprometieron en la restauración de los 2.500 hectáreas afectadas por la quema.
*Parte de la cosmovisión de los pueblos es mantener equilibrado las energías, por lo que parte de la justicia fue el baño con ortiga como una forma de sacar las energías que desequilibran a Lucas G.

-Del acto participaron comuneros y comuneras que pertenecen al Pueblo Kayambi, al Pueblo Otavalo. Agustín Cachipuengo, presidente del Pueblo Kayambi, fue testigo del acto, como autoridad comunitaria. Además, participó Rocío Cachimuel, presidenta de la FICI (Organización que agrupa a los pueblos Kichwa del norte de Ecuador), en pleno ejercicio de los Derechos Colectivos y como pleno ejercicio a la Administración de Justicia Indígena.
José María Cabascango, ex presidente de la CONAIE, y líder de los Kaymbis, se encontraba en el desarrollo de la actividad simbólica y legítima.
Nevado Cayambe
El Cayambe, es el punto más alto por donde pasa la línea equinoccial en el Ecuador, y es una de las montañas favoritas de los andinistas está ubicado a los 5.790 metros es uno de los complejos volcánicos más grandes del país, cubriendo un área de 24 km en dirección Este-Oeste y 18 km en dirección Norte-Sur y es la tercera cumbre más alta de la nación, detrás del Chimborazo con 6.310 ms. y el Cotopaxi su cumbre esta puntualizada a los 5.898 ms, es importante recalcar que es un volcán activo, su última erupción fue en los años 1785 y 1786 y se la describe como una erupción sub-glaciar que habría producido caídas moderadas de ceniza en la ciudad de Cayambe, la misma que habría terminado con un flujo de lava en el año 1786.

Guiados por su nombre, se podría decir que el Parque Nacional Cayambe–Coca protege el volcán nevado Cayambe y las nacientes del río Coca, pero en verdad, éste es más bien el parque nacional del agua. Hay agua por todas partes, en el ambiente por la constante neblina y las lluvias, en la vegetación y la hojarasca del suelo, en los humedales y las lagunas de la parte alta, en el suelo y las almohadillas del páramo, y en los ríos que forman caídas y cascadas.
En la parte alta hay célebres vertientes de aguas termales y minerales como las de Papallacta y Oyacachi. En esta región están las nacientes de ríos como el Dué, el Chingual, el Cofanes y el Cabeno que alimentan al Aguarico, para que junto con el Coca entreguen sus aguas al gran río Napo. Por el otro lado, hacia las estribaciones occidentales, está el hogar de cientos de vertientes que nutren a los ríos Mira y Esmeraldas que desembocan en el océano Pacífico.
Acerca de sus características geológicas y morfológicas, sobre los 4.800 ms el volcán está cubierto por un importante casquete glaciar que cubre un área aproximada de 22 km2 y que alcanza un espesor de alrededor de 30 a 50 m en la zona de la cumbre. Esto hace que nuestro país sea reconocido por poseer una de las cadenas montañosas más grande de Latinoamérica. La belleza de su terreno escarpado y las Lagunas formaciones de hielo, así como los cóndores que se pueden ver en el camino a la cima, lo hacen particularmente atractivo.
La casa del venado
Este emprendimiento turístico nace hace 10 años con la finalidad de conservar, mantener y perpetuar las especies de venados. Es el primer lugar del Ecuador en donde se crían venados, con la normativa legal existente y el apoyo de instituciones como el Ministerio del Ambiente.
Cuentan con alrededor de 75 especies de venados, además de la convivencia con otros animales como Alpacas, patos, vacas, borregos, faisán.
COMUNIDAD DE LA CHIMBA
La palabra Chimba viene de la palabra qichua trenza y por estar junto al río que lleva su nombre es parte de la palabra qichua yacuchimba, lo cual significa “río trenzado.” el mismo que sirvió como eje principal de asentamiento para todo el sector y en la actualidad forma un sistema de agua en las comunidades de Izmuquiro, Sapopampa, Golondrinas, Jatun Turo, Charpar.
La Chimba, es una comunidad de trescientas sesenta familias aproximadamente, está situada en un valle muy fértil y estratégico que se comunica fácilmente con el piedemonte de la Cordillera Oriental del Nevado Cayambe.
Cubre alrededor de 12 Hectáreas, está emplazada a 3.180 ms. El asentamiento ocupa suelos aptos para la agricultura y la ganadería.
Durante, el período de Integración (500–1500 dC.); se presume que se configuran importantes centros poblados, que dominan la agricultura, la fabricación de cerámica, y fundición de metales preciosos como el oro y plata, así como bronce. (Piezas de oro y bronce, se han encontrado en Ayora y otros lugares del área). De acuerdo a las evidencias arqueológicas más recientes, los asentamientos de población, se sustentaron en el desarrollo eficaz de los instrumentos y medios de producción y una nueva concepción cosmogónica de la territorialidad con el manejo de los espacios domésticos y rituales.
Antes de la invasión Inca, el área que ahora que conformaba el Pais Cayambi-Caranqui que dentro de su organización social no tenía un líder central, como un rey o cacique, la gente vivía como una federación suelta, a veces luchando una a la otra, hasta que los invasores los obligaron a unirse. Primero para la resistencia a Tupac-Tupanqui que no logro pasar el río Guallabamba y luego bajo el mando del Inca Huayna Capac, los Incas llegaron a las estribaciones de Pambamarca acerca de 1498.
La resistencia liderada por Nasacota Puento lograron parar a los Incas por 17 años, hasta ser derrotada en el año 1515, matando a 20.000 guerreros en un lago al norte de Ibarra, que ahora se llama Yahuar Cocha, o Lago de Sangre. Contrajo matrimonio con una mujer indígena, que se llamaba Quilago Túpac Palla, y de esta unión nació su hijo Atahualpa, el último líder Inca.
Aunque los Incas solamente ocuparon el área por casi 19 años, tuvieron un impacto muy importante. Trajeron tantos como 30.000 mitmaes, o colonizadores, para enseñarles a los indígenas sobre las costumbres, la religión, y el sistema político de los Incas. También, mudaron a la mayoría de los Cayambis al centro del imperio, y solamente los muy viejos y los jóvenes quedaban en Cayambe.
El cambio fue parado rápidamente cuando llegaron los españoles en julio del año 1534. Muchas cosas nuevas entraron el área con la conquista española como trigo, cebada, caballos, vacas, cerdos y ovejas, también la religión católica.
Francisco Pizarro antes de partir al Cuzco en Octubre de 1533, autoriza y nombra a Sebastían de Benalcazar como Capitán General y Gobernador de todo lo que conquistase en el Reino de Quito. con el derecho a los beneficios y con la facultad de criar oficiales y empleos, mayor honra y acumulación de mayores riquezas que en el Perú por cuanto Huyna Capac tuvo allí su corte.
A partir de este momento se inicia un proceso de imposición y dominación, con sistemas de gobierno, religión y producción. A los naturales de la zona para generar un mejor sistema de control entregaron grandes extensiones de tierras con hombres incluidos, dándoles cargos y responsabilidades hacia la corona española.
El 6 de mayo de 1560, aparece por primera vez en escritura pública el nombre de Hacienda de Pesillo (Costales). Con Juan Rodríguez Parrales es el primer español que recibe merced (donaciones) en el sector y el propio convento de la Merced. Pesillo llego a conformar 9.032 hectáreas en tierras de siembra y para caballerías de páramo.
A medida que los herederos y primeros conquistadores venden o dejan sus herencias o donaciones, los conventos religiosos: Mercedarios, Dominicos, Agustinos, Jesuitas, fueron consolidado progresivamente sus predios hasta ocupar gran parte del valle de Cayambe. En 1746 son expulsados los Jesuitas con objeto de confiscación y de venta. Los Mercedarios llegaron a ser propietarios de 12 haciendas: Pesillo, Moyurco, San Pablo, Pisambilla, La Tola, La Chimba, Pucará, Santa Ana, Molino, Los Potreros, Pisuli y Chanchalito.

Una de las formas de apropiarse de la tierra, era obtener a cambio de los servicios religiosos, catequesis, matrimonios, bautizos, entierros, hasta la Revolución Liberal.
Siempre ha estado y está presente la resistencia de este pueblo Cayambi, los indígenas organizaban formas más activas y a veces violentas de protesta. En 1791 se rebelaron en contra de una mita cuando el gobierno quiso construir una calle cerca del río Lita. En 1777 se rebelaron contra un censo en el 14 y 15 de noviembre, incendiaron los obrajes y atacaron haciendas y la iglesia de Cayambe, matando tres hombres blancos antes que llegaron las fuerzas del Gobierno.
Parte del proceso de socio político administrativo de esa época fue la ampliación e implantación del sistema de la Hacienda en el proceso de Independencia, alrededor de 1809, y por mecanismos políticos anclados al Gobierno, la milicia en la región fue dominada por la orden religiosa de los padres mercedarios y durante 200 años por el Clero en el Ecuador. Las Haciendas surgen entre otras causas por la necesidad de unir fronteras de terrenos dispersos y para controlar, a los sistemas de regadío, incrementar la producción, dominar el mercado y por supuesto manejar la mano de obra indígena, por medio del mecanismo de endeudamiento, con el sistema de tributos, contribuciones y obligaciones.
El Latifundio, logró constituir un complejo económico-geográfico que incluía: tierra, obrajes y población indígena asentada dentro de sus límites.
Durante los períodos Colonial y Republicano, la gente de La Chimba fue oprimida como todos los otros indígenas de Ecuador, con el sistema huasipungo. En este sistema, los trabajadores necesitaban trabajar cuatro días a la semana a cambio de un minifundio, y trabajaban allí toda su vida porque siempre tenían deudas a los hacendados.
Reseña histórica de la creación de Olmedo
Los pocos que hoy en día aún viven en Olmedo explican que ellos buscaron la mejor alternativa y llegaron hasta la hacienda de Pesillo de diferentes lugares de Ecuador para hacer su asentamiento en el sitio actual, y realizaron sus viviendas. A cambio del piso colaboraron como yanapadores o peones libres, bajo un compromiso de cumplir con los trabajos que dispongan los padres mercedarios y luego los arrendatarios etc.
Como vivían pegados en la hacienda Pesillo, se organizan los señores profesores, los insignes, conjuntamente con el Sr. Felimón Cadena enviaron una solicitud al Presidente del Ecuador: Isidro Ayora, explicando la situación en que viven. Los apegados mestizos habiendo recibido buenas noticias a favor de desarrollar un pueblo, compran al Estado los terrenos a nombre de potreros, dejando así terminado con los llamado yanapadores y de vivir en posesión ajena.

De acuerdo a la tradición oral mantenida por los habitantes de Olmedo, los páramos estaban llenos de ganado y existía una abundante producción agrícola, especialmente ubicada en los llanos de San Pablo Urco, desde donde se transportaba los alimentos, “pasando una serie de peripecias”, para comercializarlos en las poblaciones de Cayambe, Guayllabamba y Quito. La principal hacienda agrícola y ganadera era “Pesillo”, en la que los comuneros fueron sometidos a dura explotación debido a que, según cuentan los nativos, “vivíamos arrimados y teníamos que trabajar por el favor que nos hacían al prestarnos un terreno para vivir” (huasipungo).
Las actividades previas a la declaración de municipio empezaron el 5 de enero de 1901; los pobladores consideraron la necesidad de otorgar vida e independencia a la jurisdicción de Pesillo, como punto fundamental para su desarrollo. Desde el inicio de esta iniciativa, el nombre del ilustre guayaquileño, José Joaquín de Olmedo fue considerado para bautizar a la naciente parroquia.